El cantautor catalán compartió una íntima y distendida charla de hora y media con el pianista Kiev Portella ante un salón de actos del Ateneu de Maó abarrotado de amigos y admiradores en la isla donde reside a temporadas desde hace cuatro décadas.

MAÓ (MENORCA).– En un ambiente familiar, distendido y profundamente afectuoso entre amigos y admiradores, el salón de actos del Ateneu de Maó se quedó pequeño para acoger el encuentro entre el emblemático cantautor Joan Manuel Serrat y el reconocido pianista menorquín Kiev Portella. Una conversación de hora y media de duración en la que el artista, afincado por temporadas en Menorca desde hace más de 40 años, hizo un recorrido lleno de lucidez por el arte, la música sinfónica, la ecología, la sociedad actual y el paso del tiempo.

Una hora antes, ya se empezaron a ocupar las primeras sillas manteniendo varias decenas reservadas para autoridades y familiares. Una discreta fotocopia impresa a color con el rostro del cantautor ocupaba la parte central del tablón de anuncios en el hall del Ateneu de Maó. La noticia había aparecido el día anterior en el Diari Menorca y a partir de ahí el boca oreja hizo el efecto amplificador. Los abrazos y saludos se entrelazaban como si de un cambio de pareja se tratara. Algunos hacía años que no se veían. Uno de los más solicitados era el ex alcalde de Maó Artur Bagur quién ahora jubilado se echaba las manos a la cabeza cuando alquien le recordaba la de años que hacía de la última vez que se habían visto mientras desde una segunda fila se disponía a escuchar a quien fuera pregonero de las fiestas de Gràcia de Maó en 1990 y a quién posteriormente le entregó la Medalla de Oro de la ciudad. La relación de Serrat con Maó quedó además reflejada en su obra musical con , el disco que dedicó a la ciudad y que presentó en el Teatre Principal de Maó en 2006.

Los dos protagonistas de la conversación anunciada por la entidad entraron discretamente por el lateral de la sala y cuando se dirigieron al escenario los aplausos silenciaron todos los comentarios. Dos sillas menorquinas, una jarra con agua fresca y dos vasos les esperaban para una conversación entre amigos. Mientras se colocaban las diademas con micrófono bromeaban que parecían pilotos antes de comenzar la carrera.

El nuevo presidente de l’Ateneu de Maó, Rafael Suñol, quien asume el cargo desde hace menos de dos meses, ya había anunciado que su voluntad era reforzar el debate y qué mejor que hacerlo con una charla entre el pianista menorquín Kiev Portella y el cantautor y poeta Joan Manuel Serrat.

Houston, tenemos un problema

El arranque del encuentro en el Ateneu de Maó estuvo marcado por el clásico y divertido imprevisto técnico del directo. Nada más iniciar la conversación entre Joan Manuel Serrat y el pianista Kiev Portella, los micrófonos fallaron, interrumpiendo el hilo de la charla justo cuando el cantautor rememoraba sus primeras décadas en Menorca. Serrat se encontraba evocando su relación de amistad con el pianista Ramón Coll y sus inicios en la isla cuando el sistema de sonido transformó su voz en robotizada o más propia de un pedido en un restaurante de comida rápida o supermercado que hacía incomprensible el mensaje. Ante la falta de sonido, los protagonistas intentaron verificar el equipo con los clásicos chequeos de voz: «¿Un dos? ¿Un dos? ¿Podemos hacer pruebas?».

  • La puya cómica de Serrat: Lejos de molestarse, el artista tiro de su característico humor e ironía reprochando entre risas la falta de ensayo previo: «Aquí teníamos que haber venido un rato antes para hacer pruebas… Bueno, si no puedo hablar con esto, puedo hablar normalmente». al tiempo que Portella le ofrecía el suyo que sí funcionaba. Mientras le colocaban la diadema, Serrat bromeaba justificando el fallo «Ves se ha roto … eso es que es chino» arrancando las primeras risas de la tarde. Tras intentar reajustarse el micrófono y ver que el soporte no encajaba bien («Ves que se me ha roto… eso es que es chino»), consiguieron solucionar el problema con el clásico micrófono de mano. Una vez restablecido el audio, Serrat reanudó la conversación con total fluidez: «¿Ya está? Bueno, pues lo que había dicho es que éramos amigos tú y yo…», ganándose la complicidad del público asistente y transformando un fallo técnico en una anécdota distendida e informal que rompió el hielo de la velada seguido de un aplauso espontáneo.

«Dejen salir antes de entrar»

Uno de los momentos más contundentes y aplaudidos de la velada llegó cuando Serrat reflexionó sobre la percepción social de la vejez y la jubilación, cargando con firmeza contra las dinámicas contemporáneas que desplazan a los mayores:

«La edad nos conduce a la jubilación de un trabajo, pero no a la jubilación de la vida. Una de las cosas graves contra las que hay que luchar constantemente es contra el fenómeno del edadismo. El hecho de ser viejo no significa ser tonto, el hecho de ser viejo no significa ser inútil. Dejen salir antes de entrar».

El cantautor nacido en Barcelona reivindicó la experiencia acumulada y la vigencia del pensamiento humanista frente a un mundo volcado en la tecnología ininterrumpida y la inmediatez de las redes sociales. «Hay gente muy joven que está apagada delante de su vida y gente muy grande que siempre está investigando e inquieta», añadió.

Su amor incondicional por Menorca: «No me siento un descubridor, me siento un privilegiado»

Serrat evocó con emoción su estrecho vínculo con la isla de Menorca, donde desembarcó por primera vez en junio de 1982 en Ciutadella y donde más tarde, a finales de los 80, alquiló junto a su familia una residencia en los icónicos Banys de Pedra del Puerto de Maó.

«En Menorca no me siento un descubridor; me siento un privilegiado. Es el lugar donde he compartido con mi mujer y mis hijos toda una experiencia vital. Estamos en casa», declaró el cantautor, recordando entrañables vivencias cotidianas, desde el salto de los peces frente a su terraza hasta el recuerdo imborrable de su pregón de las Fiestas de Gràcia en 1990 —que realizó cantando según la estructura popular menorquina— o la Medalla de Oro otorgada por el Ayuntamiento de Maó en 2006.

📌 Anécdotas de artista: Caídas históricas, la orquesta del «Matamoscas» y el show en vivo

Durante la charla, Serrat deleitó al público desempolvando divertidas anécdotas de sus más de 60 años de trayectoria musical. Recordó con humor un caótico concierto con la orquesta sinfónica de una ciudad a cuyo director apodaban «El Matamoscas» por su forma de dirigir:

«El director marcaba la entrada, pero a mí por los cascos no me llegaba nada. Siguió dirigiendo a la nada, la gente de la cuerda se miraba aburrida y yo pensaba: «¿Y ahora qué hago?». En el escenario lo primero que te enseñan es jamás enseñar el apuro; pones cara de «ahora viene, ahora viene» hasta que escuchas un clarinete que te salva».

Asimismo, rememoró su célebre caída de tres metros de altura durante la presentación del disco dedicado a Antonio Machado en Madrid en 1969: «Iba entusiasmado cantando ‘Cantares’, confundí la iluminación con el foso y desaparecí del escenario. Seguí cantando mientras caía en aquel espacio… ¡Fue uno de los éxitos más grandes de mi vida, pero no lo he vuelto a repetir jamás!». Serrat recordó entre risas cómo en otra ocasión su compañero Joaquín Sabina también sufrió una caída similar: «¡Decidió tirarse para acabar la gira! Mientras él caía, me pareció (bromea) que decía: «No te aguanto más»».

📌 Etapa más familiar: Raíces obreras, la sabiduría de su padre y la canción «Pare»

Serrat dedicó emotivas palabras a la figura de sus padres y a los valores aprendidos en su hogar obrero. «Mi padre era un hombre golpeado por la historia: pasó tres años de guerra, la muerte de su mujer y un campo de concentración. Sin embargo, era un ‘manitas’ que fabricó nuestra propia nevera en casa y siempre confió en mí», relató.

El cantautor explicó cómo su padre respetó su decisión de dejar los estudios universitarios de Biología para dedicarse a la música: «Él tenía una doble ignorancia sobre lo que yo iba a hacer, pero me tuvo una enorme confianza. Esos valores no me los dictaron; los aprendí mirándolos …y también la zapatilla de mi madre proporcionalmente».

Esa etapa universitaria y su profunda sensibilidad ambiental fueron las semillas que le llevaron a componer en 1973 su célebre tema ecológico Pare (Padre), tras haber tenido como profesores a referentes de la ciencia como el botánico Oriol de Bolòs y el ecólogo Ramon Margalef.

📌 Momentos divertidos: La memoria en el escenario y las hormigas inteligencias

El tono distendido provocó continuas sonrisas y complicidad con los asistentes. Entre broma y broma con Kiev Portella, Serrat desveló sus «trucos» para cuando la memoria falla en pleno directo: «Si estás cantando y se te va la letra, ¿qué haces? Pues pones el micrófono hacia el público para que canten ellos. Se la saben entera, te enganchas de nuevo y la recuperas».

También provocó carcajadas al hablar de su convivencia cotidiana con la naturaleza en su casa menorquina: «Si vives en la naturaleza, tienes que convivir con las hormigas y los mosquitos. Es admirable cómo trabajan las hormigas en el hormiguero: cargan cosas por encima de sus posibilidades con un espíritu increíble… ¡Ellas tienen inteligencia natural, no artificial!».

Como curiosidad. Este admirador mahonés llamado Emilio, con los nervios del momento, erró al pulsar el botón del móvil y no hubo tal selfie.
Después le regalé la foto del momento y tan amigos.

Un mensaje para el futuro: humanismo, educación y libertad

Preguntado por el público sobre las diferencias entre ser artista en los años 60 y en la actualidad, Serrat advirtió sobre las trampas de la hiperconexión moderna: «Dicen que hoy los artistas son más libres porque tienen las redes para comunicarse. Mentira: son esclavos de las redes y de los contratos. Agradezco mucho el tiempo que me tocó vivir, un tiempo en el que se ganaba bienestar, derechos y libertad».

Con un caluroso aplauso de pie, el Ateneu de Maó despidió a Joan Manuel Serrat, quien volvió a demostrar que su vínculo con Menorca sobrepasa lo geográfico para convertirse en una historia de amor, respeto mutuo y memoria viva. El abrazo entre Kiev y Joan fotografiados por la esposa del cantautor certificaba que aquella no había sido una conferencia más sino que habíamos asistido a un encuentro entre amigos que nos acababan de compartir su álbum familiar.

NOTA: Próximamente, en este espacio, se publicará más material audiovisual del acto.

Por Jesús Abad

Periodista multimedia desde 1996

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