El programa Glocal de Radio La Llagosta, el espacio que conecta historias locales con un interés global, ha vuelto a romper fronteras. En su última edición, el presentador Jesús Abad ha entrevistado a Nil Teixidó, creador del proyecto Te guío por Japón. El joven, originario de Montcada i Reixac, ha cumplido su promesa de congelar su vida en Cataluña para mudarse durante 365 días a Tokio.
Tras sus primeros dos meses residiendo en el país nipón, Teixidó ha compartido en los micrófonos de la emisora municipal los choques culturales más impactantes y los secretos que las guías de viaje oficiales nunca se atreven a publicar.
El día a día en Tokio: Entre la tecnología futurista y la burocracia tradicional
Vivir en una metrópolis de cerca de 30 millones de habitantes en su zona central transforma por completo la perspectiva de cualquier occidental. Nil Teixidó confiesa que la adaptación a Tokio es un proceso lleno de contrastes radicales: puedes pasar del caos absoluto del cruce de Shibuya a la calma sepulcral del santuario Meiji en cuestión de minutos.
Sin embargo, lo que más llama la atención en el día a día es cómo convive la tecnología más disruptiva con tradiciones burocráticas casi obsoletas en Occidente.
El gran choque de los baños japoneses
Uno de los momentos más divertidos y comentados de la entrevista fue la experiencia con la tecnología cotidiana:
«La experiencia del baño es diferente y más tecnológica. Tienes mandos, opciones de autolavado y puedes poner sonidos desde dentro para que no te escuchen fuera por privacidad… Nos llevan años de ventaja».
El ‘Hanko’: Un sello obligatorio para firmar
Por otra parte, la burocracia para los residentes extranjeros esconde sorpresas que no aparecen en las guías de internet. Para abrir una cuenta bancaria o formalizar documentos oficiales, Japón no utiliza la firma manuscrita, sino el Hanko. «Es un sello personalizado con tu carácter o color que cualquier persona que resida aquí se tiene que hacer obligatoriamente para poder firmar».
Las grietas sociales tras el «caparazón perfecto» de Japón
A través de sus redes sociales en Teguío por Japón, Nil busca mostrar lo que queda oculto tras la fachada idílica del país. Aunque la seguridad y la extrema limpieza de las calles son reales, el invitado del programa Glocal explicó que la sociedad japonesa se esfuerza al máximo por «cuidar el caparazón».
Sin embargo, al adentrarse en los callejones del distrito obrero de Taito o en barrios más alejados de los focos turísticos, empiezan a vislumbrarse grietas sociales.
- Personas sin hogar invisibilizadas: «En los callejones de Taito estamos empezando a ver más gente sin hogar que no recibe ayudas del gobierno».
- El peso del orgullo cultural: «El hecho de pedir ayuda, ya sea comida o dinero, no se ve bien; se considera una molestia hacia los demás».
- Un caso real a pie de calle: Teixidó relató que hace pocos días una mujer local en bicicleta se le acercó en su barrio para pedirle comida porque no tenía dinero , una situación insólita para los turistas pero que refleja una realidad económica compleja.
Intercambio cultural: ¿Qué deberíamos aprender en Cataluña y qué le falta a Japón?
Fiel a la filosofía de buscar puentes entre lo lejano y lo cercano, Jesús Abad planteó un reto al entrevistado: ¿Qué costumbres exportaría e importaría entre ambos mundos?
Lo que Cataluña debería importar: La limpieza sintoísta
Nil no duda en que desearía traer a municipios como Montcada o La Llagosta el sentido de comunidad y limpieza japonés. Explicó que esta práctica nace del sintoísmo (la religión nativa de Japón), que promueve cuidar el espacio común de forma voluntaria, independientemente de las diferencias personales entre vecinos : «El espacio es el mismo y se tiene que mantener limpio porque todos vivimos en él… Nos vendría bien dejarnos de luchitas personales y pensar en cuidar nuestro entorno».
Lo que Japón necesita: La espontaneidad de nuestras terrazas
Por el contrario, el joven extraña enormemente las relaciones sociales horizontales de nuestra cultura. En Tokio, la confianza tarda mucho en construirse y todo está excesivamente programado. «El ambiente de bar, de terraza, ver a la gente compartiendo anécdotas con comida y bebida de forma espontánea… eso es algo que en Japón no es tan habitual y nos ayuda mucho a nosotros».

