Ya se que «no es el momento de criticar a nadie» y que «no hay que ser alarmistas» pero lo que nadie puede discutir es que estamos haciendo algunas cosas muy mal. La gente, osea nosotros, ya ni aplaudimos como antes, desde hace días sólo parece importar la economía, abrir terrazas, comercios, escuelas, que vuelva el fútbol, subir impuestos a los del barrio de Salamanca, y si no a los del de Sarrià Sant Gervasi, y si no a todos, bueno a los de Ciudad Meridiana, mejor no, porque están haciendo cola en el Banco de Alimentos o en Cáritas porque hay familias que llevan días sin comer.

He visto como salía el servicio a las calles de la Milla de Oro de Madrid, acompañando a la Señora, con ollas relucientes como recién estrenadas, palos de golf golpeando an sartenes de gama total pro. La clase alta está haciendo su versión más glamurosa del 15-M porque , como aquellos, dicen vivir en la indignación, que no en la indigencia que quede claro, y han pisado la calle para protestar porque consideran indigno que pague más quien más tiene.

Mientras, los que cobran por gestionar la situación en el país, en las comunidades, en las diputaciones, en los ayuntamientos, en los consejos insulares, en los cabildos, se pelean por pasar de fase, para abrir poner la respiración asistida a la economía que hace tiempo perdió sus constantes vitales y no hay quien la resucite. Y si no es posible pasar a Fase 1, por lo menos a la Fase 0,5, desde la Generalitat piden aire para respirar.

Las cifras que dan a la hora del almuerzo son tan frías como los cuerpos de los muertos, cada vez veo más gente como si nada en calles, parques y mercados. Ayer le sugerí a una persona que para entrar a comprar llevara mascarilla y me respondió que le «molesta mucho» y me puso a caer de un burro. El principal tema de conversación en el botellón que hacen cada día delante de casa era «pobre tío, el hijo de la Obregón»,
En pocas horas, volveré al mercado municipal donde estos días estoy trabajando, volveré a ver gente que va sin mascarilla, volveré a intentar ser empático con quienes te insultan y hasta te gritan a la cara porque «llevo cuarenta minutos para comprar una lechuga» pero estoy feliz y agradecido porque como dice un mensaje de voz en mi WhatsApp «¿sabes cuánta gente ha perdido el trabajo?». Pues no, la televisión no lo dice o yo no lo he escuchado, pero en la economía de casa el 50 por ciento está en paro, y anteayer compré lo que compro cada semana en el supermercado y pagué 120 euros, los resguardos de antes de la crisis que aún cuelgan del imán de la nevera no llegaban a 90 euros.

Pero, lo importante es guardar la distancia de seguridad cuando vayamos a facturar en el aeropuerto aunque en el avión vayamos codo con codo porque si no no es rentable para las compañías que antes sacaban pecho anunciando sus dividendos y lo apoya la Comisión Europea. Llegan los primeros pasajeros a Menorca, sin que nadie les haga test alguno, a no ser que sean futbolistas de primera división.

Quizás tiene razón quien hace poco me dijo: «no leas tanto, lo que tienes que hacer es ver películas y mirar más la tele, programas que te hagan olvidar todo esto», mientras en la óptica de al lado de casa ya preparan las monturas nuevas para quienes dejan de ver como antes porque pasan demasiadas horas teletrabajando, teleestudiando o teleinnotizados.


«Tranquilo, los hospitales ya no están tan llenos, si hasta han quitado el que habían montado en Ifema» (y lo celebraron con un gran selfie de familia con Ayuso y compañía, que lo he visto en el Instagram de la presidenta de Madrid), y Fernando Simón, ese hombre que casi muere atragantado por unas pieles de almendra pero que sobrevivió muchos años en África como experto en ébola y demás enfermedades infecciosas, dice que ya ya pasamos de fase, que «sólo han muerto « X personas menos que ayer, que «la curva ahora es recta». Pues por los datos que barajamos en casa, mi hermana sigue reforzando su trabajo con apoyo en la UCI, anoche volvió de madrugada, y, por cierto, «tuve que dejar el coche en otra plaza con un papel con mi móvil anotado en la guantera porque alguien aparcó en mi parking», pero claro, de eso no dicen nada en la televisión como de tantas realidades de estar por casa en nuestro día a día.

Como no podía dormir, me puse a escribir, lo necesitaba como terapia para no llenar de lágrimas la almohada. Si os aburre u os molesta lo siento, en unas horas volveré a ser «empático» y a poner la otra mejilla, la que queda delante de las orejas doloridas por llevar 6 horas la mascarilla FP2 y la visera de protección facial.


Por favor, sed responsables y aunque ya no salgáis a aplaudir, guardad la distancia social, poneros mascarilla y salid de casa lo imprescindible. Eso ya ni lo dice la televisión, antes lo decía hasta Máximo Huerta, pedo ya no puede abrir esa ventana, porque TVE le canceló el programa. Pero me cuentan que eso de no bajar la guardia lo han oído por ahí, igual tampoco está de más hacer caso. Buenos días. Cuidaros para poder cuidar.

Por Jesús Abad

Periodista multimedia desde 1996

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